Inevitable
Asgeld se sentó en una silla de mimbre y se tomó un tiempo para contarle lo que creía a su madre.
-El otro día me metí en la mina- Le dijo, sin hacer ningún gesto. Sus ojos estaban fijos en el hogar que lanzaba chispas cada vez que de la olla burbujeante caían gotas.
-Pero, y no se dieron cuenta entonces? Es muy raro que no te hayan agarrado en el acto.
-Supongo que prefirieron esperar, para causarme más miedo, o, tal vez querían que viera algo- la madre la miró enojada, porque tomaba la situación muy a la ligera, entonces Asgeld le dijo para corregir la frase anterior:-Sé que es una falta muy grave, pero no entiendo por qué no enviaron a alguien menos importante a darme el mensaje
-Menos importante?
-El color de su ropa, no era un monje cualquiera, aún cuando realmente sea un mensajero, no es común para él ese trabajo.
-Ya te diste cuenta…- le dijo su madre pronunciando la frase como si fuera lo peor del mundo. Asgeld se quedó con un pregunta en la boca, pero no dijo nada, porque en ese momento Latiffa (e-e-e! la mamá tiene nombre árabe, pa ambientarla + al desierto XD) dio media vuelta a correr la olla que hacía muy ruido y estaba llenando de humo la cocina. Después de eso no le habló nada más a Asgeld, así que decidió ir a acostarse. Cuando su madre se ponía así no había forma de hacerla hablar, sin que se enojara mucho. Y no tenía ganas de armar una discusión.
Sin embargo acostarse fue inútil, estaba demasiado excitada con la noticia, y tenía miedo de quedarse dormida y no llegar a tiempo. Llegar tarde siempre fue tomado de muy mal gusto en Isilme, pero no estar a la hora frente a los ancianos, era como fallarle a los dioses, y ella no quería hacer enojar a ninguno de los dos. El cielo rojizo se dibujaba al otro lado de la ventana, cuando la chica se levantó. Ni siquiera tomó desayuno, pues su estómago se le retorcía de sólo pensar en llegar al templo. Así que cuando ya eran las 7, salió de casa con paso rápido para no llegar atrasada. (a 1era hora significaba 1 hora después de la salida del sol… y eso era como a las 6 y media, por eso se puede deducir la hora, aunque en Isilme la hora se contaba desde que amanecía).
Las calles estaban desiertas, la gente recién empezaba a despertar en las casas y ella no se topó con nadie en el trayecto.
Cuando ya subía las escaleras, de la puerta principal salió un hombre alto, estaba casi segura de que era el mismo de la noche anterior. Al llegar arriba no tuvo dudas. Hizo una reverencia para saludar, pero el monje la detuvo, la miró a los ojos y le dijo:-Sígueme.
