Siempre hemos pensado en el pasado, como una cadena de causa-efecto lineal… como esos gráficos que nos enseñaron cuando niños, cuando la prehistoria abarcaba la primera parte de una recta que acababa en la época contemporánea y en una flecha que indicaba su continuidad. Bien conocemos los hechos de la Historia de diversas plumas y visiones; difieren en perspectivas y calificaciones, en razones y juicios.
Hay quienes dicen que la vida no es una recta, sino un espiral… un círculo vicioso del cual pocos han logrado escapar. Hay quienes dicen que la Historia es una sola, aunque tenemos la prueba de que existen muchas y -hoy- son todas reales.
Isílme es un pueblo ubicado en un punto ínfimo de esta Historia, una sociedad aparte de toda realidad social o cultural, un lugar geográficamente apartado y sin contacto alguno con el exterior. En este pueblo nacieron los héroes, que obviamente aún no saben que lo son… aunque el espíritu de la batalla duerme en ellos, amenazante.
Si pudiéramos pensar en Isílme, seguramente lo primero que vendría a nuestra mente sería un enorme e infinito desierto. Después, el oasis alrededor del cual la ciudad fue construída y los diferentes afluentes que han manipulado sus habitantes para el riego y protección de la misma. En el centro, un templo para honrar a los dioses (dónde también habitan los 7 ancianos, que toman las decisiones importantes) y diversas construcciones, agrupadas por tipo: al noreste, la zona urbana; al noroeste, las escuelas; al sureste, las plantaciones y al suroeste la zona comercial.
Si pudiéramos pensar en Isílme, y vislumbrar su futuro… seguramente sentiríamos un cosquilleo en la nuca, como un temblor poco evidente. Si pudiéramos ver en la Fuente de la Sabiduría, seguramente agacharíamos la cabeza al pensar en esos ciudadanos.
La Historia es curiosa… en un punto aparece simple y tranquila, y de un momento a otro, como si una bomba que siempre existió estallase caprichosamente, todo cambia y se transforma.