Más que necesidades.
Se hacía tarde y los conocimientos brotaban como de costumbre , es decir, sin el menor esfuerzo recitaba largas recetas mágicas convirtiéndolo en una suerte de lorito robusto: …3 gramos de rosa mosqueta, 4 hojas de laurel, 7.5 gramos de hierro…
Repentinamente, su concentración bajó. La tranquilidad de la habitación es de inmediato interrumpida por un estrepitóso sonido visceral.
Tengo hambre.
Así Nathan concluye que ya es hora de comer, que MERECE un descanso y alimentar su igualmente caprichoso estómago. Se levanta de su asiento y se dirige a la cocina de su hogar. No hay nadie. Inspeciona cuidadosamente el lugar. No hay rastro de ser vivo. Dehecho, su hogar está en completo silencio.
¿Han salido sin avisarme?…podrían al menos haber dejado una nota…
Busca en la cocina algo de las sobras del desayuno; un poco de pan duro, algo de embutido y leche. Lo toma todo, prepara un sandwich y se sirve una gran taza de leche. Engulle a gran velocidad, como si fuese a acabar el mundo y sólo le quedasen 30 segundos de vida. Ya satisfecho, decide volver a sus asuntos y olvidarse del mundo por un par de horas más, lo que significa que no saldrá del estudio hasta que su estómago decida que es hora de que lo alimenten.
Su familia no acostumbra a dejarlo solo, pues saben que es una persona sumamente dependiente. Por lo mismo, siempre hay una o dos criadas para satisfacer las innumerables necesidades que un chico como Nathan ha de tener. Porque hay que decírlo, ser hijo único, éxitoso y miembro de la prestigiosa familia Campbell, requiere de un trato ‘especial’.
Mamá es una gran bruja y Papá es el mejor mago del planeta…Quiero que estén orgullosos de mí. Ya verán que pronto me convertiré en un mago, no los defraudaré.
-¿Dónde se habrán metido?-dijo en voz alta, Nathan al mirar el retrato familiar de su habitación, que un artista hizo hace ya bastante tiempo.
Llega la noche a Isílme. La casa Campbell, tiene un solo habitante.
