Si juegas con fuego…
“¿Pagar por ella? Pues sea…”
Una sonrisa se le fue delineando lentamente en el rostro, al tiempo que observaba fijamente al chico que parecía ser el líder. Cualquiera diría que el chico que los había detenido se había ido a algún otro lado y que otra persona había tomado su lugar. Y esa persona sentía el fluctuar del aire en torno al chico que recitaba, las vibraciones que lo atraían y llamaban, que le exigían hacerlas suyas, aún sin saber cómo.
“Dime una cosa… ¿Cómo piensas lanzarme un hechizo… si no tienes aire en los pulmones para recitarlo?” preguntó, milésimas de segundo antes de lanzarse contra él y asestarle un puñetazo en la boca del estómago. Los otros dos le seguirían muy pronto, a menos que huyesen. Pero eso no sería divertido, ¿cierto?
Por lo demás, el resto de la gente le tenía sin cuidado. Que mirasen, si les apetecía. Y si llegaban a intervenir, mejor. Más diversión.
