La mirada del monje era fría como un témpano, Asgeld jamás había sentido tal vacío en el alma de un hombre ¿no se suponía que los seres espirituales irradiaban luz?
“Sígueme” - fue lo único que escuchó decir, mientras subían las escaleras de piedra, hacia un pequeño cuarto decorado como capilla. No habían más de 6 bancas ahí dentro, un altar sin imagenes en la parte central frente a ellas y 5 figuras angélicas talladas en la pared (como si fuesen saliendo de ella, o algo similar).
El monje le indicó que tomara asiento en una de las bancas principales, mientras se sentaba a su lado. Asgeld no lo había notado, pero su acompañante había cerrado la puerta tras de sí.
“Ahora, me dirás lo que sabes… si los ancianos llegan a enterarse que has estado en las minas, no querrás saber qué van a hacerte”- La chica comenzó a comprender todo, no eran los ancianos quienes la habían citado… sino más bien este hombre que ahora la interrogaba.
“¿Cómo conseguiste traspasar nuestra seguridad?” - Ni bien Asgeld comenzó a hilar en su mente la respuesta a la primera pregunta, el monje comenzaba a hacerle otra ¿por qué estaba tan ansioso?.
Aparte del estado anímico del que la interrogaba, sus ojos fríos y aquella pequeña capilla en la que se encontraba encerrada, había algo más que le molestaba: Esos 5 ángeles parecían mirarle, como si buscaran leer sus más profundos pensamientos.
NdM: Niña, no decida tanto por nosotros… el hecho de que vea o no a alguien, o la hora a la que amanece, nos corresponde decidirlo a nosotros. Por esta vez las cosas ocurrirán como ud las decidió, a la próxima sólo déjelas sin definir… lo haremos en el transcurso de la partida ^^U