¿Y dónde está mi perro?
Lo que menos le importaba cuando despertó era el lugar en que se encontraba. Al menos de momento. Se llevó la mano a la sien, palpando el pegajoso líquido en el que se estaba convirtiendo su sangre mientras se coagulaba.
Lo peor de todo era que no recordaba exactamente qué había pasado. Lo último que recordaba con nitidez era a la niña corriendo y él intentando detener a los chicos. Después, era todo borroso. Algo sobre palabras flotando en el aire, algo llamándolo… Creía haber golpeado a alguien y, apenas instantes después, un golpe en su cabeza.
Por la textura de la herida, parecía que lo habían golpeado por la espalda con un objeto contundente rugoso. Un objeto liso no habría desgarrado su piel así. Conectando las piezas, podía concluir que había intentado ayudar a la niña y que lo habían atacado a traición. Lo malo de todo el asunto era lo borroso de su memoria… Justo cuando pensaba que ese tipo de sucesos habían quedado finalmente en el pasado.
Y ya era hora de que empezase a preocuparse por dónde estaba, así que comenzó a palpar la superficie en la que estaba, a medida que se movía buscando algún muro con el cual guiarse.
-¿Dónde está Terry?- se preguntó de pronto, deteniéndose en seco y levantando sus dedos temblorosos por la ansiedad para producir un silbido. Él siempre había respondido al silbido, dondequiera que se hallase.
