¿Una bandita?
El hecho de que el pequeño idiota estuviese siendo amable (en un sentido bastante retorcido) no le iba hacer confiar en él ni mucho menos. De hecho, lo ponía aún más a la defensiva; no podía concebir un cambio de actitud tan radical. Para él, las personas debían seguir sólo una línea de acción. Lo demás caía en hipocresía o conveniencia.
Memorizó el lugar por donde había entrado la luz y el trapo, mientras intentaba localizar de dónde exactamente provenía la voz. No sabía si podían verlo en medio de esa oscuridad, pero tampoco pensaba pasarse lo que fuera con que estaba untado ese paño por su herida. Lo olfateó un poco, intentando identificar qué era.
“¿Dónde estoy y por qué me trajeron aquí” preguntó, intentando ganar tiempo. Esta vez no perdería la calma; tenía que pensarse muy bien todo.
