Enterrado
Se negó a seguir siquiera tocando ese trapo mientras no identificase la sustancia con la que estaba untado, así que lo dejó en el suelo, pegado a la pared por si después tenía que usarlo por alguna razón. Lugo empezó a deslizarse, tocándola, hasta el lugar por donde había sentido que entraba la voz, buscando algún orificio o manera de salir.
Entonces escuchó lo que creyó reconocer como los ladridos de su perro, cambiando casi por completo la perspectiva de las cosas. Hubiera empezado a gritar, haciéndole saber a Terry que estaba ahí, pero podría haber sido contraproducente, así que optó por algo más sabio: silbó muy bajito, sabiendo que de todas maneras Terry lo escucharía si estaba cerca.
Y ni mencionar el hecho de que, mientras tanto, seguí intentando salir de ahí.
